Relatos

Espinas de queratina III

Sin saber muy bien cómo reaccionar ante la normalidad con la que Yuli la escuálida lo había dicho a Sofi solo se le ocurrió preguntar
–¿Y qué hacías en la oficina del INEM?
–¿Es que una puta no puede cobrar el paro?
–Eh… en realidad no.
–Es verdad…¡putos hipócritas! Puedes chuparles sus tristes rabitos pero no puedes cotizar mientras lo haces…
Yuli dio un largo trago a su caña, dejándola prácticamente vacía, a excepción de un pequeño sorbo. Alzó el brazo con el dedo índice en alto echando un rápido vistazo a la bebida de Sofi, apenas catada.
–Bebes mucho ¿no?
–¡Joder tía! Seguro que eres de esas pijas que se ponen de coca hasta las cejas los sábados, se hacen limpiezas de cutis los domingos y le abren las patas a sus jefazos los lunes, pero no te lo suelto con tonito prepotente y salvador como si fuera una puta ONG.
–Pues te equivocas conmigo, pero no es ni mediodía y vas por la segunda cerveza que yo sepa.
–Aún no la he empezado–. Replicó Yuli justo cuando el camarero aparecía por su espalda y le plantaba la bebida delante. Ella rio casi con timidez–. Le has visto venir, lo tenías calculado cabrona.
Ambas rieron.
–Puede que sea una pija, pero me costó lo mío. Conseguí un buen puesto en un periódico y aunque lo perdí no fue abriendo las patas.
–Pero si las abriste ¿verdad?
–Una tiene que comer–. Rieron de nuevo, chocaron sus vasos y bebieron–. Me he liado con colegas del trabajo y con jefes estando ya en mi puesto, pero nada de favores. Una vez incluso me enamoré.
–¿Y?
–Casado.
–Como casi todos los que pasan por mis sábanas cariño, al menos yo saco provecho.
–Pero no te enamoras. Yo no volveré a hacerlo, bastante tengo con quererme a mi.
–Yo también me he enamorado solo una vez pijita, y no pienso volver a hacerlo. He matado a los hombres, para mi solo son una herramienta de trabajo.
–¿También estaba casado?
–Si…conmigo. Nos conocimos en mi primer año de carrera…– Yuli calló unos segundos.– No te sorprendas así hija de puta, finge un poco por lo menos. Y si, quería ser maestra.
–Me ha sorprendido, perdona–. A Sofi empezaba a caerle bien aquella mujer; era ingeniosa y más inteligente de lo que parecía o de lo que ella había juzgado. Compartían un extraño odio hacia los hombres pese a depender de ellos en cierta forma; una económicamente y la otra de un modo retorcido, emocional y primitivo. Quería saber mucho más sobre Yuli.– ¿Cómo le conociste?
–En una fiesta. Era el hermano mayor de un compañero y le llamaron para que trajera hierba. Me gustó en cuanto lo vi, se me cayeron las bragas vaya… Era guapísimo, un morenazo de ojos claros, imagínate. Aquella noche me fumé mi primer porro, con diecinueve años, para que veas. Tres meses después vivíamos juntos y seis después estaba embarazada. Así que dejé la carrera, los porros, las fiestas y nos fuimos al pueblo de mis padres. Él empezó a trabajar en la fábrica de aceite de allí, bebía bastante y seguía fumando pero nos iba bien. Nació mi niña y yo ya no podía ser más feliz, él era un padre cojonudo y me trataba como a una reina.
<<Cuando la niña tenía tres años volvimos a su ciudad al entierro de su madre. Lo pasó fatal, yo nunca le había visto llorar así. Sus padres habían venido a vernos para el nacimiento, el bautizo y cosas así, pero no pensaba que estuviera tan unido a la madre. El caso es que lo de la madre le sentó como un tiro chocho, ni te imaginas el disgusto que se cogió. Ese día no paró de beber. Por la noche intenté consolarle un poco y que se acostara. Estábamos solos en el hotel. Bueno, con mi niña, más bonita y más buena la pobre… Se portó muy bien, imagínate una cría en un funeral… yo la quería dejar con mis padres pero él se encabezonó en que la niña fuera al puto entierro de su abuela… Ya ves tú una niña…– Su voz se entrecortó–. Perdona tía, me enrollo y no paro.
Sofi llamó al camarero y le pidió una cerveza.
–Te acompaño, que me estás dando envidia.
–Yo me levanto a las once de la noche para ir a trabajar pija, para mi esta hora es como para ti la hora de la cena.
–Pues cenemos juntas–. Dijo Sofi alzando su cerveza antes de beber–. Bueno ¿que pasó cuando intentaste consolarle?
–Pensaba que te estaba rayando–. Sofi se encogió de hombros.
–Será mi curiosidad de escritora.
–Pues pasó que se cabreó conmigo. Me echó la culpa a mi vaya, me dijo que lo había arrastrado al pueblo para vivir como una señora y que no había estado con su madre por mi culpa. El caso es que mi padre le ofreció el trabajo de la fábrica por mi embarazo tía, que si no le gustaba podría haber dicho que no y buscarse la vida como un hombre, pero hizo las maletas volando nena, así se lo dije vaya… Pues me empujó tan fuerte que choqué contra la esquina de la cama y me caí dándome en la espalda con el canto de la mesa. Menos mal que no tenía a la niña en brazos…
–¿Qué hiciste?
–¡Me quedé bloqueada joder! Imagínate tú, a ver que haces. Se fue a la cama, yo me acosté con la cría aguantándome las ganas de llorar… Se había muerto su madre, así que intenté pasar del tema, solo me empujó, si no me hubiera tropezado no habría sido para tanto.
–No sé que decirte, la verdad, yo no lo veo así.
–Ni yo ahora. Tenía 22 años, qué quieres. Además por la mañana me despertó dándome besos, pidiéndome perdón y llorando. Durante dos años más fue todo de puta madre. Pero entonces la fábrica cerró… si es que el pueblo se estaba quedando muerto tía, la gente que quedaba de nuestra edad eran los tirados, ya me entiendes.
<<Nos volvimos a su ciudad, su padre murió a los pocos meses y él no tenía más familia. Pero empezó a juntarse otra vez con sus colegas de allí y volvió a vender hierba. Bueno al poco yo ya ni sabía qué cosas vendía y qué se metía qué quieres que te diga… si es que no tenía un amigo bueno el pobre y volvió a lo de siempre. No sé de qué coño habrá vivido estos años porque aparte de vender mierda solo había trabajado en la fábrica de aceite, sabes…
<<Total, imagínate los horarios de un puto camello, la niña en el colegio… Yo la llevaba y trabajaba por las mañanas limpiando un par de casas, día si día no cada una. Luego recogía a la niña, hacía la comida y lo despertaba. Al rato de comer empezaba a sonar su móvil y él venga a entrar y salir, porque no me daba la gana que con la cría en casa viniera nadie a pillar mierda sabes… Mejor que no sepan donde vives tía, nunca se sabe cuantos colgados hay por ahí…
–¿Dónde te follas a tus clientes?
–Tengo un acuerdo en un hostal de por aquí. Trabajo en este barrio pero mi casa y el colegio de la niña están casi en la otra punta de la ciudad.
–¿Cuánto hace que te separaste?
–Espera coño. Mi ex cada vez estaba menos en casa, que para mi mejor, que quieres que te diga… Porque yo me daba cuenta de que venía enzarpado…ya sabes… puesto de coca. Encima cada vez traía menos dinero así que yo me guardaba lo de las casas para la compra y esas cosas.
<<Un día me pidió ese dinero mio y le dije que ni de coña, se echó a llorar y se largó. Ahí me di cuenta de que tenía un drogadicto en casa. Mi marido estaba enfermo tía, imagínate el marrón… ¿qué cojones iba a hacer? Lo intenté ayudar, te lo puede decir cualquiera, pero iba a peor claro. Un mes no pagó el alquiler y encima va el colega y me cuenta que debe una pasta en coca a no sé quien. Que se la metería con colegas o con putas, a saber, era muy generoso él, fíjate tú… Y yo que ya me veía en la calle con mi niña y un marido drogadicto… Bueno y de mis padres ni hablemos; en cuanto se enteraron y no quise abandonarle se desentendieron de nosotras. Ya ves, mi madre tiene más cuernos que el padre de Bambi pero me deja de hablar por no abandonar a mi marido drogadicto, que no veas como estaba ya… drogado perdido, le daban unas paranoyas… casi no salía porque tenía miedo de cruzarse con el colega al que le debía pasta, así que encima apenas vendía nada, era eso o que mi casa se convirtiera en un desfile de yonkis…
<<Busqué más casas que limpiar sin saber dónde dejaría a la niña si me salía alguna porque con su padre como que no… Pregunté a una medio amiga que también limpiaba, o eso pensaba yo, porque me contó que no, que era puta. Flipé un poco cuando me dijo lo que ganaba y, qué quieres que te diga, ahora soy una flaca pero estaba más buenorra que ella eh, te lo puedo asegurar, tendrías que verla a la cabrona, se ha puesto como una foca… Pues bueno, que me pierdo; sin decirle nada a él dejé las casas y esa misma semana probé, en un polígono claro, mientras mi niña estaba en clase. Tuve suerte con el primero, era un tío un poco más mayor que yo y estaba rellenito, pero por lo menos el tío venía limpito y con colonia, la verdad es que se portó bien conmigo vaya, hoy sigue siendo de mis mejores clientes y es un amor. Cuando cobra la nómina se arregla, se echa siete litros de colonia, se va a al bingo y luego viene a buscarme; así se tira una semana y luego ya, hasta el mes siguiente no vuelve a aparecer…supongo que cada uno tiene su rinconcito donde se escapa de su vida.
<<Total, que en menos de una semana había juntado para el alquiler y poco después pagué su deuda y, ya que estaba, él se trajo otro alijo de coca para celebrarlo. El muy cabrón o no sabía hacer cuentas o le daba igual de dónde traía el dinero así que seguí. Yo creo que se lo imaginaba, no lo sé, el caso es que yo me iba por la mañana con la niña como siempre y volvía a la hora de siempre pero con el doble de dinero así que supongo que era como que se sabía pero no se hablaba sabes…– Sofi asintió, pensando en la esposa de su Gran Amor… siempre con esa verdad silenciosa flotando sobre ellos. Se sintió avergonzada pues aquellos dos secretos a voces, esposas cuernudas y acostarte por dinero a tu pesar, no le parecieron de la misma gravedad ni por asomo. Se sintió una niña estúpida por aquel pensamiento que se le antojó egocéntrico, allí sentada, en un humilde local, frente a una mujer que probablemente tenía pocos años más que ella y que con toda seguridad era mejor persona que ella pese a la vida que le había tocado vivir.

1 comentario en “Espinas de queratina III”

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