Relatos

La boda

·Siete meses para la boda.

–Bien, tenemos poco tiempo así que empecemos; ¿cuántos invitados?– Laura abrió su gigantesco cuaderno, repleto de una infinidad de folios añadidos con clips de colores, fotos grapadas y anotaciones en los márgenes.

–Doscientos cuarenta y ocho.–Respondió el novio sin titubear.

Permanecían cogidos de la mano y sonreían abiertamente a Laura, una de las organizadoras de bodas más caras de la ciudad como Marta, la novia, había comentado a su prometido.

El novio, Borja, parecía inquieto mientras las dos mujeres parloteaban acerca de los invitados, centros de mesa, música, el color predominante de la decoración… Borja se incorporó tomando un semblante más serio.

–Lo que mi reina mora quiera, lo tendrá, he tenido demasiada suerte al encontrarla, no pienso dejarla escapar–. Dijo con dulzura besando los nudillos de su prometida.

Laura y Marta se miraron sonrientes y la organizadora buscó en su cuaderno lo que resultó ser la ficha de un hotel reconocido de la zona.

–Creo que este sitio será ideal para vosotros–Laura les entregó la ficha, que Marta cogió inmediatamente.– El Hotel Gold dispone de una de las salas de celebraciones más bonitas de la ciudad, con un inmenso jardín privado. Celebraremos dentro la ceremonia. Despues colocaremos una carpa y una pista de baile en el jardín. Asi que lo primero es hablar de la decoración. Eso si, tengo la obligación de informaros de un inconveniente; es un sitio muy solicitado con lista de reserva de meses. Si cancelais la ceremonia no habría devolución, quiero que este punto quede claro.

–Eso no me preocupa en absoluto, no pienso dejar escapar a esta mujer–Replicó Borja, dando el asunto por zanjado.

Durante un buen rato las dos mujeres hablaron de esculturas de hielo, fuentes de chocolate, un carruaje de caballos, una tarta con bengalas, la orquesta, un juego de focos de luz de color para la llegada de los novios al banquete… Aquello ya fue demasiado para Borja.

-–Mi vida, debo volver a la oficina, dejo esto en tus manos, estoy seguro de que entre las dos organizareis una boda preciosa.

–Pero cariño–replicó Marta– aún debemos elegir la decoración para que Laura pueda ponerse con ello.

–Confio en ti, mi amor, es tu día, todo lo que elijas me parecerá bien.

–Pero el presupuesto…–Borja colocó con suavidad su dedo índice sobre los labios de su prometida.

–No te preocupes por eso, yo me ocupo de todo. Tú encárgate de tener el día más feliz de tu vida, estaré encantado de proporcionártelo.

Tras besarla ligeramente en los labios Borja se puso en pie con elegancia felina. Era un tipo muy atractivo con unos enormes ojos verdes, una amplia sonrisa blanqueada, piel bronceada, cabello canoso y labios pequeños y carnosos.

–Elegante, atractivo, educado, atento y servicial. Tienes una joya– Dijo Laura al quedarse a solas con Marta.

–Si, nos ha tocado el gordo. ¡Y guapo!–Añadió.–Ademas hace el esfuerzo de intentar mostrar interés por la boda pero en realidad le da igual como a todos, estoy segura. Así que yo lo escojo todo y él firma los cheques. Me parece un trabajo en equipo de lo más eficaz.–Sonrió con complicidad femenina.

–¡El prometido perfecto!–Exclamó Laura, abriendo el cuaderno de nuevo–. Bien, pues escojamos las flores más caras.

·Tres meses para la boda.

–¿Sabes? Podrías quedarte con este. Tendrías la vida solucionada al lado de un tio decente y que bebe los vientos por ti.–Comentó Laura mientras abría el sofá cama como cada noche ocupando todo el espacio del salón minúsculo del que disponían.– Se acabarían las estafas, los viejos babosos y los meses de espera para cobrar hermanita. Viviríamos a cuerpo de rey a costa de tu maridito buenorro. Me conformo con un apartamento decente, puedes tenerme mantenida a escondidas, como hacía el último con su querida, ¿recuerdas? ¡Que idiota!–Estalló en carcajadas contagiando a Marta– La cara que se le quedó la noche de bodas cuando te llevé las fotos de su asqueroso cuerpo desnudo sobre esa pobre chica. Que bien nos salió aquello, deberíamos reclutar a alguna que juegue el papel de amante, así es más facil cancelarlo todo en el último momento. Ojalá todos pusieran los cuernos.

–Estamos en lo que estamos, Laura. No pienso ser la mujer florero de nadie–Replicó Marta mientras guardaba con cuidado uno de los cinco vestidos de diseño de los que disponía–Ahora es todo muy bonito, apenas llevábamos dos meses juntos cuando me pidió en matrimonio. Nunca nos había salido tan a pedir de boca ni tan rápido. Ni siquiera tengo que hacer de tripas corazón para acostarme con él.

–No me extraña…¡está buenísimo! Y tan educado…La próxima vez yo seré la novia y tú la organizadora.

–La próxima quiza, pero no esta vez, eres demasiado fea y lo sabes. Tú aportas lo tuyo y yo lo mio.–Contestó Marta con tono autoritario.–Ahora eres la organizadora así que ve a hacer las facturas mientras caliento la cena. Y engórdalas bien. Borja no entiende de estas cosas, no sabe cuanto cuesta que cuatro palomas de mierda echen a volar a la llegada de los novios, ni cuanto cuesta una puta fuente de chocolate, así que ya sabes. Si te lo curras no tendremos que buscar al próximo hasta dentro de un año.

·Una semana para la boda.

Marta lanzó el archivador encima de la mesa, harta de aquella boda. Todo había acabado y la ira la devoraba. Volvió a leer la nota:

Puedes quedarte un mes en el hotel, está pagado y creo que es lo justo. Creía que estaba enamorado pero gracias a ella sé que no; ahora sé lo que es el amor, ella me lo ha enseñado. Me ha contado la verdad de vuestros planes, que me sedujiste para eso. Firmando las facturas que Laura me traía nos hemos conocido y enamorado. Me ha confesado tu traición. Me ha explicado como la obligabas a engordar las facturas para largarte con el dinero al anular la boda… así que espero no saber más de ti. Jamás.”

Junto a la nota de Borja, había encontrado la de Laura en un sobre cerrado:

“Hermana, sé que esto te pilla por sorpresa. No has querido quedarte con Borja a pesar de mi insistencia así que lo mejor es que me lo quede yo, ya que he conseguido conquistarle. Tranquila, cuidaré de ti, ya te tengo un apartamento alquilado. No queremos una gran boda, nos conformamos con una gran vida de la que, tranquila, podrás beneficiarte. Eso si, a escondidas. No podemos ser hermanas en este negocio y como, por lo que veo, podría ser de por vida, procuraré que la tuya sea lo más cómoda posible. Espero que esto sea suficiente y que comprendas que no podré invitarte a la boda. Con todo mi amor: Tu hermana Laura.”

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